domingo, 14 de junio de 2009

Coincidencia en Tierra de Cameros / Anécdota Final

En esta vida he preferido caminar porque caminando las piedras que forran las calzadas de Europa me he podido apercibir de detalles que de otra manera hubiesen escapado mi atención buscadora. Y el monte ha sido mi compañera en noches solitarias: tienda, bolsa, bosque y estrellas. Jamás he perdido la fe sabiendo que algun día escribiría estas historias que han marcado mi marcha.

Escribo estas palabras desde un café de internet regodeandome en imágenes de aquellas andanzas, muchas de ellas ya tan difusas que su mero recuerdo pesa y evoca el silencio que compromete al escritor. 

Para terminar debo contar el próximo relato de algo que me ocurrió en el 1996 en una sierra de La Rioja llamada Tierra de Cameros; en una sierra cuyas aguas afluyen el río Iregua. El Iregua es uno de los siete ejes fluviales que riegan La Rioja y afluyen el Ebro. He vivido este tipo de encuentro tantas veces y este es uno de los más “ordinarios”.

En aquel entoces solía leer la versión dominguera de El País, el diario conservador de Madrid. Una de esas ediciónes anunciaba una nueva guía titulada “Casas Rurales de España” que ordené inmediatamente. Ubiqué un albergue que por alguna razón me llamó mucho la atención en una aldea llamada Pinillos; ya tenía un buen plano de la región y disponía de una mejor idea de la topografía riojana.
Me puse en contacto con el señor de la casa José María Elías Pastor y reservé un cuarto. Mi amiga Ana y yo atravesamos Francia en su Renault R4 pasando por Turena, Burdeos, y Pamplona. La carretera nacional 111 nos llevó al sur de la cuenca del Ebro a partir de Pamplona, pasando por Logroño, y de ahí subimos por el valle del Iregua hasta la via rural que entra de pleno al monte por una senda de tierra. Después de una media hora de camino apareció Pinillos con su iglesia del siglo XVI.
En una de esas tardes que pasé en  Pinillos en Julio del 1996, José María nos preparó una comida de acelgas con un vino tinto de Ábalos. Por pura casualidad ese vino era uno de mis preferidos que ya conocía de Alemania. José María conocía al viticultor personalmente y nos organizó una visita a la bodega para el día siguiente.
Cuanto más conversava con él, más me daba cuenta que teníamos mucho en común. El había escrito artículos sobre la trashumancia en La Rioja, tema que aun me interesa mucho. Le dije que investigaba los orígenes de mi apellido que suponía en la zona.
Por fin determiné que Jose María y yo habíamos nacido en el mismo día del mismo año: primero de mayo del 1963. En cuanto a nuestro nacimiento, sólo nos separaban minutos y la geografía. El había estudiado filología inglesa, y yo germánicas. Dijo que conocía a un “Ceniceros” que era (es) senador por La Rioja en Madrid y original de una villa vecina: Villoslada de Cameros.
Ahora, yo no me interesaba por diferencias políticas partidiarias de La Rioja entonces.  José María Elías era partidiario del socialista PSOE y su vecino, el “Ceniceros” del cual me hablaba, era un político exitoso de su provincia pero del “otro” partido, del conservador PP Partido Pópular. ¿De quien hablo? Se trata del ya mencionado José Ignacio Ceniceros González. Cuando le comenté a José María que me gustaría conocerlo, noté una huella de rencor en su reacción. No obstante me dijo “puedes buscarlo en Villoslada, una aldea vecina de donde proviene”.
Me fui a buscarlo. Mi amiga Ana decidió quedarse en Pinillos pues esto sería una breve entrevista. José María ya me había descrito el camino a Villoslada: tomar la nacional 111 hacia el sur (camino de Soria), y seguir el letrero a Villoslada hacia la derecha.
Llegué, entré al bar de la villa (en España cada aldea o villa tiene por lo menos una fuente de vida: el bar), y pregunté por el gran Ceniceros (no sabiendo quien era este hombre). El fondista me dijo “no se donde está José Ignacio, pero su esposa anda por el río con el hijo”. Ahh, pensé yo. Muy bien, caminé al rio y una mujer atractiva cuyo hijo, que justo había jugado en las aguas del arroyo, venía hacía mi con unos ojos claros resplancescientes. “¿Disculpe, es usted la señora de Ceniceros?” Le expliqué mi motivo. Me dijo que iría a buscar a su marido. Regresé al bar y tras unos cinco minutos apareció un señor culto con gafas y cordial que inmediatamente me invitó a una cerveza. Yo sólo buscaba datos sobre los orígenes de nuestro nombre y pensé que él sabría más. Conversé con el una media hora, le dí las gracias y partí. Sólo existen dos posibilidades por su generosa acogida. El señor senador quedó contento porque 1) desistí de preguntas políticas las cuales ya le hartaban siendo político por su provincia en Madrid, o 2) por fin pudo tomar la cerveza que anhelaba  en ese caluroso día de julio en el cual laburaba en la rehabilitación de su casa.
Cuando regresé a la casa de los Elías Pastor (esposa Balvanera Lasheras) conté mi breve encuentro con el senador Ceniceros. Se quedaron bobos con la boca abierta como pensando “¿que? a nosotros ni nos presta atención y tu novato vienes de quien sabe donde, lo buscas, te invita a una cerveza, hablas con el como te da la gana, y... quien te crees?” Bueno, así más o menos, sentí la reacción de mis anfitriónes. La esposa de Elías entonces agregó “Joséma, es que son los de América”, explicando así que la unica razón por la cual D. José Ignacio Ceniceros Gonzáles me había concedido una breve audiencia, era porque soy uno de los “Ceniceros de América”. Dudo que fue así, pero si es que estamos emparentados, seguramente nos separan unos 350 años cuando los primeros Ceniceros llegaron a México en el siglo XVII.
Porque tanto alboroto en una villa montañesa de La Rioja?
Parece que José Ignacio Ceniceros G. goza de estatus ilustre en la ecena política de España.
Pero he aquí la siguiente coincidencia:
José Ma. Elías Pastor nacido el 1 de mayo del 1963 en Logroño o por el Río Leza
Esteban Francisco Ceniceros Romero nacido el 1 de mayo del 1963 en Los Angeles
José Ignacio Ceniceros González nacido el 11 de mayo del 1956 en Villoslada. Fin.

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